martes, 11 de mayo de 2010

Mi aventura de ser maestro

Reflexión personal sobre el texto “La aventura de ser maestro”.
Por Sergio Ramírez Durán. sramirez_La aventura de ser…Foro


La aventura de ser maestro.

Una nueva mirada de la práctica docente de Prof. Sergio Ramírez Durán.


No había considerado como fue mi primer día de clase, bien recuerdo que estaba entusiasta y alegre, y después de haber trabajado en la industria, y de estar viviendo en un momento de crisis (UVM-Feb.1983), el iniciarme en la docencia me pareció fabuloso, tenía un espacio de trabajo, se me dio el programa de estudio y fui aconsejado antes de entrar a clase que debería de hacer en ella, como era una universidad particular, enclavado en una área de cierto nivel económico (zona de Cd. Satélite, en Naucalpan de Juárez Edo. Mèx.), el trato de los alumnos hacia el profesor fue diferente (ahora lo contrasto con otras instituciones en las que he sido alumno o docente), era totalmente diferente, los alumnos eran muy respetuosos, colaborativos, participaban y me preguntaban sus dudas, realmente me motivaban a trabajar. La relación maestro-alumno era muy cálida y respetuosa.
En la ENEP-unidad Acatlàn-UNAM (Nov. 1983) el inicio fue totalmente lo contrario, se tenía un ambiente donde la relación maestro-alumno era de indiferencia, el alumno entraba a la clase, estaba atenta a ella, eran respetuosos y no más, al dar mi clase la tenía que hacer para mi persona, cubriendo el programa de estudios y con la intensión de darla como en la UVM. A partir de estas experiencias, he pensado que cada institución tiene los alumnos que corresponden a los intereses para los cuales ha sido creada, esta percepción es meramente personal, pero si pienso que corresponde al profesor vencer sus temores para ofrecer una exposición de clase de calidad acorde a la materia y conjugando esta práctica docente con la vocación de los intereses de los alumno, podemos pasar con un relativo éxito docente como en mi ocurrió en aquellos entonces.
Con la lectura del texto, “La aventura de ser maestro” que me motiva a reflexionar en lo que escribí anteriormente, ofrecer una exposición de clase de calidad acorde a la materia y conjugando esta práctica docente con la vocación de los intereses de los alumno, me pregunto, acaso no estuve en los límites sugeridos por Miguel Unamuno, “era su vida pensar y sentir y hacer pensar y sentir”. Claro está, como lo he descrito antes, posteriormente regrese a la industria para satisfacer intereses económicos.
En mi tercera experiencia docente, la actual, percibo a mis alumnos con vocación de intereses en dos vertientes: los que van a continuar sus estudios y los que solo desean terminar su preparatoria técnica. Aunque he tratado siempre de satisfacer las expectativas que se describen en el programa de estudios para el buen aprovechamiento escolar de mis alumnos, a veces tenemos la fortuna de encontrar a alguien cuya palabra nos abre horizontes antes insospechados, nos enfrenta con nosotros mismos rompiendo las barreras de nuestras limitaciones; su discurso rescata pensamientos presentidos que no nos atrevíamos a formular, e inquietudes latentes que estallan con una nueva luz.
Como una nueva luz que fortalece mi actual proceder, en las prácticas coincidentes con la lectura de referencia y que guiará y dará sentido a las que se tengan que implementar.
El reto será por mi parte el pensar y sentir y hacer pensar y sentir, para lograr que mis actuales alumnos piensen y sientan, en los estudios y la maravillosa oportunidad de logro que se les presenta.
Estaré más atento a las señales gestuales que emiten los alumnos, para regular el ritmo de la clase, y el dominio de éstas y otras habilidades de comunicación que requieren entrenamiento (como el tono pausado que induce a la reflexión, o el subir el tono de voz), reflexión y una constante actitud de autocrítica para depurar mi propio estilo docente. Para conseguir ser dueño de mi forma de estar en clase, para conseguir comunicar lo que exactamente quiero decir, y lograr mantener una corriente de empatía con mis alumnos.
He tenido la experiencia y es cierto, cuando los alumnos saben que al profesor le asiste la razón y han trasgredido los límites disciplinarios, es posible disuadirlos a que cambien su conducta, ofreciéndoles como única forma de redención el que se integren al estudio.
Encuentro en la lectura de referencia sugerida “La aventura de ser maestro”, que el consejo que me dio un profesor, de explicar los temas más escabrosos con la mayor sencillez, avala el consejo que me fue dado.

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